¿El calcetín tuvo la culpa?. Mejor no busquemos excusas y aprendamos de nuestros errores

El sábado de la semana pasada, como tantas otras veces, salí a correr. Normalmente son tiradas a ritmo tranquilo y de una distancia aproximada de 12 kilómetros, mezclando campo y carretera. Hasta aquí, todo normal, la diferencia estriba en que estrenaba zapatillas, unas flamantes NB 1080v. Era temprano y tras volver del paseo con mis perros, revisé el equipo; camiseta, gorra, pantalón corto, porta móvil, parecía que estaba todo, pero no era así, faltaban los calcetines de carrera. Es decir, tocaba improvisar. O arriesgarme a despertar al resto de la familia entrando en la habitación para buscar los calcetines, que a saber por dónde andaban o pillar los primeros que viera y lanzarme a quemar Kilómetros. ¡Decidí lo segundo!

Durante los primeros dos kilómetros la sensación al trotar era genial, las zapatillas se comportaban perfectamente y resultaban cómodas. La amortiguación se notaba, quizá en demasía si las comparaba con mis anteriores Adidas Tempo Boost, pero estaba sobre cemento y nunca viene mal algo de “ayuda” para las rodillas, sobre todo en mi caso, que soy un tipo bastante grande.

Llegada al campo y con ello, las primeras cuestas, ¡hasta ahora todo controlado! No duraría mucho, pues fue en la bajada del kilómetro cinco cuando comencé a notar que algo no iba del todo bien. Tenía que forzar la posición del pie derecho en la pisada para no sentir una leve molestia en el arco. Lo pude “controlar”

Pasaban los kilómetros y llegué al octavo. Aquí comienza un leve descenso y esta vez fue el pie izquierdo el que me lanzaba señales de incomodidad. Parecía como si, una piedrecita, se me hubiera colado entre el talón y la zapatilla. Mientras corría intenté introducir el dedo y sacarla, por supuesto sin éxito.

Cuando el kilómetro diez aparecía en el reloj y por tanto, sólo restaban dos y medio, decidí reducir el ritmo y terminar como buenamente pudiera. Estaba en mitad de ninguna parte, con lo que así lo hice, continué hasta el 12,5 y de ahí en adelante, recorrí la distancia hasta casa caminando.

Una vez en el hogar tocaba descalzarse y retirar los calcetines de “paseo” que había usado para el debut. Al hacerlo dos hermosas ampollas me saludaron, la primera en la parte externa del talón izquierdo y la segunda en el arco del pie derecho. La sensación era agridulce, por un lado había conseguido mejorar el tiempo de la semana anterior, pero el premio al esfuerzo no había sido el deseado.

Tras la salida de hoy con el equipo completo y de nuevo mejorando el tiempo es momento de extraer el aprendizaje de aquello, veamos:

Un equipo es tan débil como el miembro más débil del mismo, por lo tanto seamos consecuentes y empoderemos a todos los compañeros compartiendo conocimiento, así como ofreciendo ayuda y apoyo.

Reforcemos la sensación de seguridad y permitamos los errores. Nadie es perfecto y admitir el fallo no debería suponer un sonrojo, al contrario, lo peligroso es tratar de esconderlo o incluso señalar a otro para evitar reconocer los propios errores.

Distribuyamos la responsabilidad siempre que sea informada. Un directivo no tiene por qué ser experto de todo, por lo que ayudémosle a tomar las mejores decisiones aportando nuestra experiencia y saber hacer.

Foto de portada gracias a RUN 4 FFWPU en Pexels

Publicado por alb3rtoalonso

Soy un enamorado del poder de los datos. Entusiasta de la mejora y formación continua.

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